martes, 10 de enero de 2017

Microrrelato

MUSICA DIVERSA


Operando paso a paso entre la multitud sudorosa, las pupilas dilatadas, la respiración acelerada, los pelos de punta, el sexo mojado, se aproximaban al filo del escenario cogidos de la mano. El culmen musical, eléctrico, sintético, apologético y magnético los enredaba en una nube de calor, gente, notas, humo, luces rojas, empujones. Se fundieron en un profundo beso de esos con mucha lengua, boca abierta, ojos cerrados, manos ocupadas, barba contra barba, mientras el público aplaudía los últimos compases. Y así quedaron retratados en la portada del periódico matutino como un aparición homosexual en medio de las masas.

martes, 28 de julio de 2015

Microrrelato

ELLAS

No sabía dónde poner las manos pero el deseo rebasaba las yemas de sus dedos. Sentía un torrente de calor que le fluía desde la base del cráneo hasta lo más profundo del útero. Cuando entreabría los ojos veía las estrellas rutilantes de San Lorenzo pero era ella la que se sentía fugaz, viva al fin, respirando el aroma cálido que emergía del otro cuerpo. Se habían escabullido de la verbena tras tantas miradas furtivas que las envolvían en la desvergüenza de codiciar un instante de intimidad. Susana se apretaba contra la pared mientras se dejaba devorar por Paula.

(Gracias a H.M.J. por el impulso y a V.A.R. por su ayuda)



lunes, 27 de julio de 2015

Microrrelato en crudo

PENSIÓN

Aquel cuerpo que tenía encima no dejaba de entrar y salir de ella con vehemencia sin producirle el más mínimo sentimiento. Miraba hastiada el reloj de la pared empapelada hacía varias décadas, tumbada bocarriba en unas sábanas grisáceas. Él acabó orgulloso y se secaba el sudor del pecho con una toalla raída. Alexandra entró al baño mientras él se marchaba. Asomó la cabeza sin levantarse para comprobar que todo su dinero seguía en la mesilla. Bajó las escaleras retocándose los últimos detalles del peinado y firmó en el libro de registros. Abrazó con cariño a la dueña. “Luego vuelvo”.

martes, 14 de julio de 2015

MICRORRELATO CON DEDICATORIA

JUGAR

Berta sale del colegio como una bala, con el balón bajo el brazo, deseando llegar a tiempo para ver los resúmenes del telediario. Come masticando cada repetición y hace los deberes bajo las miradas del póster de Alex y Hope. Cuando llega papá, trae todos los periódicos del trabajo, y ella recorta ilusionada las fotos de las campeonas de este año. Cuando apaga la luz, una sonrisa la  sumerge en un césped mullido y recién cortado en el que sus compañeras cruzan el campo, Boquete pone un centro y ella, desmarcada, remata de cabeza. Aplausos. Celebración. Suena el despertador. 

#Nosois23somostodoelfutfem
Para todas las que no pudimos jugar, pero podemos luchar

sábado, 11 de julio de 2015

Microrrelato

CIGARRO

Sentada al borde de la silla, sin quitar la vista del teléfono, Diana sobaba el paquete de tabaco en una cadencia desasosegada que servía como antesala al chasquido del mechero. Serpenteaba el humo espeso entre sus labios inquietos alternado con un mordisqueo de uñas sin remedio. Tras la nube sinuosa que se esfumaba hacia las cortinas, los ojos se sostenían deseosos en el aparato que esta noche se resistía a sonar. En sus pupilas destellaba la mecha espigada que asía con solidez entre las manos, arriesgando las yemas sobre ella. Sin llamadas. Se enciende otro entre las manos sudorosas.

viernes, 10 de julio de 2015

Microrrelato

CORRE
Pagó el taxi sin mirar el billete. Bajó volando y atravesó la entrada con un gran salto. El corazón galopaba en el pecho de Pablo y las sienes le ardían. Aquellas luces fluorescentes le secaban la boca y facilitaban que las primeras lágrimas resbalasen por su cara. Sin pausa, sin parar de trotar, sin dejar de fijarse en cada letrero, recorrió los pasillos y abrió todos los accesos. Dónde estaban. Cómo se llegaba. No podía tardar más. Una de esas puertas fue la correcta. Y allí, en brazos de su mujer, pudo ver a su hijo por primera vez.

jueves, 9 de julio de 2015

Microrrelato

CUARENTA

Llevaba un vestido claro, algo escotado, pero discreto y elegante; una rosa prendida en el bolso, tal como habían acordado, e iba peinada y maquillada igual que en las fotografías. Pero los nervios se habían adueñado de ella desde que decidieron quedar y conocerse y Carla se presentó en la cafetería antes de tiempo. Removía el café creando torbellinos de espuma. Analizaba cada moldura del marco de la puerta. El segundero del reloj temporizaba sus latidos. La hora se había cumplido con creces y una sensación encarnada subía por sus mejillas. Otra vez ridícula. Otra vez estúpida. “Camarero, cóbreme”.