lunes, 27 de julio de 2015

Microrrelato en crudo

PENSIÓN

Aquel cuerpo que tenía encima no dejaba de entrar y salir de ella con vehemencia sin producirle el más mínimo sentimiento. Miraba hastiada el reloj de la pared empapelada hacía varias décadas, tumbada bocarriba en unas sábanas grisáceas. Él acabó orgulloso y se secaba el sudor del pecho con una toalla raída. Alexandra entró al baño mientras él se marchaba. Asomó la cabeza sin levantarse para comprobar que todo su dinero seguía en la mesilla. Bajó las escaleras retocándose los últimos detalles del peinado y firmó en el libro de registros. Abrazó con cariño a la dueña. “Luego vuelvo”.

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