jueves, 9 de julio de 2015

Microrrelato

CUARENTA

Llevaba un vestido claro, algo escotado, pero discreto y elegante; una rosa prendida en el bolso, tal como habían acordado, e iba peinada y maquillada igual que en las fotografías. Pero los nervios se habían adueñado de ella desde que decidieron quedar y conocerse y Carla se presentó en la cafetería antes de tiempo. Removía el café creando torbellinos de espuma. Analizaba cada moldura del marco de la puerta. El segundero del reloj temporizaba sus latidos. La hora se había cumplido con creces y una sensación encarnada subía por sus mejillas. Otra vez ridícula. Otra vez estúpida. “Camarero, cóbreme”.

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