CIGARRO
Sentada
al borde de la silla, sin quitar la vista del teléfono, Diana sobaba el paquete
de tabaco en una cadencia desasosegada que servía como antesala al chasquido
del mechero. Serpenteaba el humo espeso entre sus labios inquietos alternado
con un mordisqueo de uñas sin remedio. Tras la nube sinuosa que se esfumaba
hacia las cortinas, los ojos se sostenían deseosos en el aparato que esta noche
se resistía a sonar. En sus pupilas destellaba la mecha espigada que asía con solidez
entre las manos, arriesgando las yemas sobre ella. Sin llamadas. Se enciende
otro entre las manos sudorosas.
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