ELLAS
No sabía dónde poner las manos pero el deseo rebasaba las
yemas de sus dedos. Sentía un torrente de calor que le fluía desde la base del
cráneo hasta lo más profundo del útero. Cuando entreabría los ojos veía las
estrellas rutilantes de San Lorenzo pero era ella la que se sentía fugaz, viva
al fin, respirando el aroma cálido que emergía del otro cuerpo. Se habían
escabullido de la verbena tras tantas miradas furtivas que las envolvían en la
desvergüenza de codiciar un instante de intimidad. Susana se apretaba contra la
pared mientras se dejaba devorar por Paula.
(Gracias a H.M.J. por el impulso y a V.A.R. por su ayuda)
(Gracias a H.M.J. por el impulso y a V.A.R. por su ayuda)
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